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domingo, 23 de fevereiro de 2014

4 ou 5 págs.: EL MAR

Castilla, de Azorín, publicado em 1912, é um livro que peneira a alma castelhana, com um estilo único de poesia e melancolia que me faz muito recordar o seu compatriota e contemporâneo (e Prémio Nobel) Juan Ramón Jiménez, admirável poeta. 
De Castela não se vê o mar. «El mar» é um dos capítulos desta obra preciosa. Castela está fechada sobre si mesma, nos povoados ermos e nas estradas poeirentas, distante da enigmática imensidão para lá da linha do horizonte, do bulício portuário estuante de vida, e dos acidentes que ela, a vida, traz.

O incipit: «Un poeta que vivía junto al Mediterráneo, ha plañido a Castilla porque no puede ver el mar.»
um parágrafo: «No puede ver el mar la vieja Castilla: Castilla, con sus vetutas ciudades, sus catedrales, sus conventos, sus callejuelas llenas de mercaderes, sus jardines encerrados en los palacios, sus torres con chapiteles de pizarra, sus caminos amarillentos y sinuosos, sus fonditas destartaladas, sus hidalgos que no hecen nada, sus muchachas que van a pasear a las estaciones, sus clérigos con los balandranes verdosos, sus abogados -- muchos abogados, infinitos abogados -- que todo lo sutilizan, enredan y confunden. Puesto que desta ventanita del sobrado no se puede ver el mar, dejad que aquí, en la vieja ciudad castellana, evoquemos el mar. Todo está en silencio: allá en una era del pueblo se levanta una tenue polvareda; luego, más lejos, aparece la sierra baja, hosca, sin árboles, sin viviendas. Cómo es el mar? Qué dice el mar? Qué se hace en el mar? Recordemos, como primeira visión, las playas largas, doradas Y solitarias; una faja de verdura se extiende, dentro en la tierra, paralela al mar; el mar se alleja inmenso, azul, verdoso, pardo, hacia la inmensidad; una banda de nubecillas redondeadas parece posarse sobre el agua en la línea remotísima del horizonte. Nada turba el panorama. La suave arena se aleja a un lado y a otro hasta tocar en dos brazos de tierra que se internan en el agua; las olas vienen blandamente a deshacerse en la arena; pasa en lo alto, sobre el cielo, una gaviota.»

Azorín, Castilla, edição de Inman Fox, 14.ª ed., Madrid, Editorial Espasa Calpe, 2004, pp. 153-158.


terça-feira, 19 de fevereiro de 2013

EPÍLOGO EN CASTILLA

Quiero fechar idealmente estas páginas españolas en un viejo pueblo castellano; uno de esos pueblos que he intentado retratar en mis libros. El campo se extiende ante mi vista; se halla en la primavera cubierto con el tapiz verde;  de los sembrados, roto acá y allá por las hazas hoscas, negras, de los barbechos y eriazos; aparece en otoño desnudo, pelado, de un uniforme color grisáceo. No se erguen árboles en la llanura; no corroen arroyos ni manan hontanares. El pueblo reposa en un profundo sueño...
Ningún lugar mejor que estos parajes para meditar sobre nuestro pasado y nuestro presente. Cauda de la decadencia de España han sido las guerras, la aversión al trabajo, el abandono de la tierra, la falta de curiosidad intelectual; convienen en ello -- como habrá visto el lector -- Saavedra Fajardo, Gracián, Cadalso, Larra. No hay más aplanadora y abrumadora calamidad para un pueblo que la falta de curiosidad por cosas del espíritu; se originan de ahí todos los males. Se originan de ahí la ausencia de examen, de comparación, de apreciación y de repulsión, de entusiasmo y de hostilidad; entusiamo y hostilidad que remueven la inercia de los de abajo e impiden la corrupción de los de arriba.
Esos españoles eminentes que hemos hecho desfilar por estas páginas, movidos estaban de una insaciable curiosidad intelectual; viajaron por Francia, Italia, Alemanía, Inglaterra. Los que no salieron de casa -- como Gracián --, sentíanse ansiosos por toda novedad filosófica o primor literario. La falta de curiosidad intelectual es la nota dominante en la España presente. Cómo haremos para que interese un libro, un quadro, un paisage, una doctrina estética, uma manifestación nueva del pensamiento? Reposa el cerebro español como este campo seco y esto pueblo grisáceo. No saldrá España de su marasmo secular mientras no haya millares y millares de hombres ávidos de conocer y comprender.

Azorín, Castilla [1912] [apêndices], edição de Inman Fox, Madrid, Espasa Calpe, 14.ª ed., 2004.